lunes, 10 de junio de 2013

Y a quién le importa?

Hace casi dos semanas fue atracado en Medellín,  cerca al parque del Poblado, más o menos a las 4:30 pm, en un semáforo, dos motos, una a cada lado del carro. Sentí el knock-knock de una pistola sobre el vidrio de mi carro. Bajo la ventana, y me indican qué hacer, con precisión milimétrica. Me roban objetos apreciados por mí. Anonadado por "el evento" del día, me di cuenta de que mi historia no es rara. De hecho, es banal. Según parece, a todo el mundo lo atracan en Medellín y lo único realmente malo es quejarse de ello. Por supuesto no puse el denuncio: en lo que a mí respecta, hasta "la ley" es sospechosa. Uno de mis amigos comentó que el peligro estaba en todo el mundo, y me recordó cómo mi auto había sido hurtado de un parqueadero en Miami cuando vivía allá. Parece que él no entendió la naturaleza del crimen. Él cree que a mí me robaron, yo creo que a mí, además, me asaltaron. Mi integridad personal corrió peligro. La estupidez del comentario raya en lo ridículo, pero por qué me desgasto?

Al despedirme todos los días de mi señora, le digo: espero que hoy no me maten. La mueca de disgusto en su cara es - seguramente - porque no quiere que se le recuerde lo cerca que estamos de que esto suceda en este miserable país. Al igual que mi amigo, ella también desea que no se le haga "mala prensa" a Colombia. A ella le gusta mucho esto aquí pese a que llevamos varios meses sin quién nos ayude en la casa porque TODAS, absolutamente TODAS las empleadas que hemos tenido en los últimos años nos han robado.

Todos mis amigos preguntan las circunstancias que rodearon "el evento". Estoy seguro que si hubiera ocurrido a las 10 pm, en un barrio periférico de la ciudad, parte de la responsabilidad habría recaído en "yours, truly", la víctima. Qué hacía por allá a esas horas? Culpar a la víctima es otra estrategia para poder vivir con tranquilidad en medio de esta inseguridad. Es una manera de decir "le pasó a él, pero a mi no me va a pasar porque yo no estaría donde él estuvo, y menos a esa hora!".

Qué opciones tengo? Me puedo ir de este hueco, a los 49 años de edad, con todo mi pasado profesional a cuestas para crear un nuevo entorno en algún lugar mejor, con la esperanza de que me van a recibir con los brazos abiertos con mi raza, mi acento, mi peso, y mi fatiga. Arrancar de cero, y escapar de esta inseguridad. También, puedo conseguirme una pistola, aprender a dispararla, y matar al próximo atracador que me asalte - si es que de pronto no me mato yo mismo por accidente con la misma arma. Otra opción es blindar mi carro: meterle 150 kg de seguridad, gastarme 60 millones de pesos en el proceso y tirármelo. Ya implementé una, me conseguí un reloj que nadie va a querer robar - ni yo usar. Igual, tengo que saber la hora, pues no quiero llegar tarde. Otra que implementé, la supersticiosa como la llamo es que no volví a transitar por el sitio de "el evento". Ahora le agregué 2-3 km de tránsito - en una ciudad con pésima movilidad - a  cada trayecto de mi vida en Medellín.

Siendo una persona razonablemente inteligente, y práctica, sólo me queda admitir que todos tienen la razón excepto yo: los ladrones al menos no me mataron, yo no debí haber adquirido mi reloj Montblanc que tanto me gustaba. De igual forma, debo admitir  que esto aquí es una maravilla  con su clima benigno, esa envidia infinita, así como su monumental culto a la pereza.  Esos pequeños atracos no son sino una especie de peaje que debemos pagar incluso con alegría por el goce de estar aquí. Para qué recordarnos que esas cosas malucas pasan. Simplemente afean el momento. Si, igual, nadie va a hacer nada, para qué nos desgastamos? A quién le importa?