sábado, 4 de junio de 2016

Cuento... (Versión preliminar)

Les voy a contar como casi me muero el otro día. Resulta que me compré una de esas cámaras satelitales que ven perfectamente todo lo que ocurre en un área extensa. La prendí, y lo primero que me llamó la atención fue un vagón de tren que casi volaba desde una colina. Había algo, fuera de control, en su apariencia. Lo que me alarmó es que ese vagón se acercaba a un cruce ferroviario, de esos que se bifurcan. En sí mismo, ustedes dirán, no hay razón para preocuparse. Los cruces ferroviarios son muy comunes. Estoy de acuerdo. Es lo que había inmediatamente DESPUÉS de cada cruce lo que me preocupó. Por un lado, sobre la vía ferroviaria estaba la Madre Superiora del convento vecino. A ella le gustaba orar con los ojos cerrados, y oyendo su iPhone, todos los días sobre la vía, justo después del cruce. Al otro lado había una gran convención de gordos no contritos, que se reunían a su ya tradicional festival de la gula. Los obesos pecadores no eran muchos, pero ocupaban literalmente TODOS los espacios, y se apiñaban sobre la vía ferroviaria de la otra vía después de la bifurcación. En un momento dado, siempre había diez gordos sobre la vía ferroviaria. La cosa era trágica, si el vagón se iba por la izquierda... Baaammm, adiós monja. Si se iba por la derecha, bye-bye diez gordos. Esa cámara era la machera porque se podía ver a dónde iba ir el vagón. Vi que la bifurcación iba a la derecha. Los gordos estaban en peligro. Por muchas razones yo hubiera preferido que fuera por el lado de la monja, pero ese es otro tema. A unos pocos metros de la bifurcación, pero demasiado lejos de los que estaban en la vía, estaba una niñita que estudiaba en el colegio de monjas. La niñita era la encargada de mover una palanca que cambiaba el cruce de la bifurcación del tren. La niñita vio con horror como ese vagón desbocado se dirigía a toda velocidad ella. Se fijó, y se tranquilizó al ver que la bifurcación estaba hacia la derecha, así que la madre superiora no corría peligro. Miró a la izquierda, y vio la convención de gordos que invadían incluso la vía ferroviaria. Se dio cuenta que había muchos que iban a ser atropellados por el vagón... Algún tiempo después me contó que en ese momento ella se preguntó: "Qué debo hacer? Puedo mover la palanca para salvar a muchos, pero mataría a la madre superiora. O no hago nada... Alabado sea Dios". No hizo nada y... adió gorditos. Igual, "ellos eran pecadores - glotones - así que el mundo no perdió nada importante, me explicó". Además, si hubiera movido la palanca hubiera sido monjicidio por tren, y de lo poco que le ensañaron las monjas es "no matarás", que era una ley de Dios.

Aterrado por el gordicidio pues me sentía identificado, vi como el vagón sólo perdió un poco de velocidad, y continuó raudo por la vía, la derecha. Alcanzo a ver una segunda bifurcación, esta vez se dividía en dos vías, una arriba y otra abajo. Pero también logré identificar situaciones de peligro en cada una de las bifurcaciones. En la vía de arriba estaba el dueño de la finca, un hombre opulento y egoísta que sólo se preocupaba por su bienestar. En la de abajo estaban cinco jornaleros, empleados de la finca, haciéndole mantenimiento a la vía. La bifurcación estaba dirigida hacia los jornaleros. La palanca de la bifurcación estaba manejada por un sindicalista de la finca. Éste vio como sus compañeros corrían peligro, y se dio cuenta que si movía la palanca, el vagón se iría por la otra vía. Se dio cuenta que el patrón iba a ser atropellado. Para él era fácil, todos somos iguales, y cinco vidas son más importantes que una. Así que movió la palanca. Adiós patrón. Igual, no se perdió mucho, ese señor era muy mal patrón.

El vagón siguió su camino como si nada. Alcancé a observar cómo ya estaba muy cerca de donde yo estaba, y me di cuenta de una tercera bifurcación. Esta vez era atrás y adelante. La vía de atrás impactaría sobre una roca atravesada que si se golpeaba rompía los muros de contención de una represa de agua. El derramamiento de la represa ahogaría a una villa con cien personas en un minuto. Me dio tranquilidad al ver que yo tenía control sobre la palanca de la bifurcación. Rápidamente me di cuenta que la vía de adelante me mataría a mí. Con el vagón casi encima, me fijé en la dirección de la bifurcación, y me di cuenta que me iba a matar...


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